Por los pasillos de este libro se asoman enfermos, caníbales, brujas, cortesanos, beatas, anacoretas, creyentes, sanadores, náufragos y torturadores. En la introducción de estas páginas su autor nos dice, quizás a modo de advertencia, que "
el mundo está arreglado de un modo que no nos sorprenda lo que vemos todos los días, porque de otra forma, la vida se volvería imposible".
Mediante un estilo y un método poco ortodoxo, Fernando Escalante Gonzalbo se acerca en estas páginas a episodios históricos que a simple vista pueden parecer aberrantes y absurdos, pero que, como todo hecho social, tienen una explicación y un contexto que los hace posibles. Escalante Gonzalbo nos presenta así una serie de estampas y breves historias traídas de todas partes, una colección de cuadros para un museo universal de la infamia, el disparate, la extravagancia. Además de ello,
Perplejos y descarriados puede ser también una introducción al estudio de la sociología, esa disciplina que, según François Dubet, "
pone de relieve la distancia que hay entre las representaciones y las realidades".
Perplejos y descarriados es una galería de retratos de la gran familia del hombre en sus momentos más desafortunados, los más ridículos y los más espantosos. Hay aquí monstruos, iluminados, fantoches y héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos del Callejón del Gato. Y hay también mucha gente común y corriente.